martes, 19 de noviembre de 2013

Un amigo de la casa,Salvador Ortega ,Criminologo....


SALVADOR ORTEGA MALLÉN. POLICÍA QUE DETUVO AL MAYOR ASESINO EN SERIE DE ESPAÑA

´El Arropiero confesó 48 asesinatos pero es posible que matara a más personas´

 11:16 


Hace 40 años detuvo en El Puerto de Santa María a Luis Delgado alias El Arropiero por matar a su novia y horas más tarde descubrió que ese joven de 27 años tenía casi medio centenar de crímenes a sus espaldas. Estuvo 30 años en Fontcalent y Ortega cree que mató a más personas.



P. CERRADA Salvador Ortega y su equipo de la Brigada Criminal de El Puerto de Santa María se ganaron la confianza de Luis Delgado para que les confesara los crímenes y durante tres años estuvo investigándolos por media España, Francia e Italia. No le dejaron concluir la investigación -se desconoce el motivo exacto- y las grabaciones con las confesiones fueron misteriosamente borradas. Este criminalista y pionero en la Policía Científica sí pudo comprobar que varias personas inocentes cumplieron prisión por crímenes de El Arropiero, pero tampoco le dejaron reabrir los casos. El padre de Luis Delgado vendía arrope y Ortega le bautizó como El Arropiero para que no le llamaran "El estrangulador del Puerto" y evitar así daños a la imagen turística de esta localidad gaditana.
¿La detención de El Arropiero marcó su carrera profesional?
Indudablemente, encontrarte con un individuo de esa calaña te tiene que marcar profesionalmente. Además del interés que le puedes prestar a la cantidad de asesinatos que pudo cometer, es que estuvimos conviviendo con él casi tres años, viendo todos los crímenes que había cometido, investigándolos primero, centrándolos y luego haciendo la reconstrucción con un juez especial que se nombró.
¿Confesó 48 crímenes?
A nosotros 44 y cuatro más a su abogado. Después, en el psiquiátrico habló incluso de otro tipo de crímenes, pero como tenía las coordenadas de espacio y tiempo totalmente desquiciadas puede ser que mezclara datos de un crimen con otro y en vez de un solo crimen pudieran ser dos. A mí no me extrañaría si un día alguien dice que se ha descubierto que el Arropiero hizo cien asesinatos.
¿Ha sido el peor asesino en serie de la historia criminal española?
Sí y además muy típico, porque como era un hombre totalmente desorganizado y viajaba mucho, se bajaba en un sitio, mataba a una persona y se volvía a marchar a otro lugar. Es posible que matara a más gente de los 48 asesinatos que dijo.
Sería desorganizado pero también fue listo al buscarse coartadas en algunos crímenes.
Había una inteligencia natural en él. No tenía formación de ningún tipo, era totalmente analfabeto. Abandonó el colegio a los 12 o 13 años y ya tenía encima suya peleas, lesiones...
¿Qué se le diagnosticó en el psiquiátrico?
Cuando estuvo en Carabanchel se le diagnosticó que podía estar rayando entre la estupidez y una oligofrenia incipiente, pero yo no estoy de acuerdo porque él no demostró ningún rasgo propio de esa sintomatología. Era un disléxico y cuando tartamudeaba aparentaba ser tonto y a él le molestaba muchísimo que la gente le tomara por tonto.
Era un psicópata.
Sí, un psicópata claro, desorganizado.
¿No pasó situaciones de temor en esos tres años de convivencia para esclarecer los crímenes?
No temor totalmente, pero sí teníamos una guardia constante y no lo perdíamos de vista. En cualquier momento podía tener un brote y atacarnos directamente. Todo eso era perceptible y lo que pretendíamos era que no ocurriera. Hubo momentos en los que lo pasamos mal, como en la reconstrucción de un crimen en Ibiza, donde comenzó a cambiarle la cara cuando estaba delante de la cama donde mató a una joven francesa. Se notaba que lo estaba rememorando y hubo quien daba veinte mil duros por un agujero en ese momento.
¿Qué tipo de víctimas elegía?
Le daba exactamente igual, lo que cogiera. A él le desbordaba su propio personaje y no lo manejaba en condiciones. Nos decía que ante sus amigos, que éramos nosotros, no podía mostrarse como era, porque era un monstruo y él lo sabía. ¿Qué hacía? Envolvía en papel de celofán todas sus manifestaciones y le ponía un lacito rosa para que nos pareciera mejor. Jugaba al roll de justiciero y decía: "los maricones son malos y hay que matarlos, y las putas igual". Al decirle que había estado viviendo de ellos precisamente y cómo los iba a matar no contestaba.
¿Sentía placer al matar?
Supongo que sí. Lo único que desviaba toda la atención desde el punto de vista sexual era que a los dos años de estar con él nos confesó que no eyaculaba.
¿Cuántos años estuvo ingresado en psiquiátricos penitenciarios?
En Carabanchel estuvo ingresado al principio para ser estudiado y luego el Supremo ordenó su internamiento sin juicio en Fontcalent, donde estuvo treinta y tantos años. Entró en el 74 en Fontcalent y murió en el 98, pocos años después de salir libre e ingresar en un psiquiátrico civil de Santa Coloma.
¿Salió curado de Fontcalent?
No, no. Eso es incurable. No se conoce ni cómo se produce ni tiene tratamiento.
¿No mató a nadie más tras salir de Fontcalent?
No se le reconoce ningún asesinato en los dos años que estuvo en pseudolibertad en Santa Coloma. ¿Pudo hacer alguno? No estaba en condiciones físicas para cargarse a alguno.
¿Por qué se autoinculpó de uno de sus crímenes un vecino de Alicante?
Era un enfermo, se demostró que no era y se le juzgó por simulación de delito.
¿No cometió ningún crimen en la provincia de Alicante?
No. Sí parece que hubo uno por Castellón o Valencia, pero no se pudo probar.

La muerte que camina silenciosa


Un viejo maletín encontrado en Egipto acaba de revelar el rastro perdido durante 47 años de Aribert Heim, miembro de la SS de Hitler y acusado de cometer asesinatos y horrendas atrocidades contra miles de prisioneros. 



El alemán atlético y de una estatura imponente que los habitantes de El Cairo conocían como Tarek Hussein Farid mantuvo hasta en la vejez la disciplina de caminar unos quince minutos diarios por las bulliciosas calles de la capital egipcia. Caminaba hasta la famosa mezquita Al Azhar, donde se había convertido al Islam, y hasta el Café J. Groppi, en el centro, donde encargaba tortas de chocolate para sus amigos y compraba bombones para los hijos de éstos, que lo llamaba tío Tarek.

Amigos y conocidos de Egipto también lo recuerdan como un ávido fotógrafo aficionado que casi siempre llevaba una cámara colgada del cuello, pero nunca permitía que lo fotografiaran. Tenía buenos motivos para ello: el tío Tarek se llamaba Aribert Ferdinand Heim; miembro de las Waffen-SS de Hitler y médico de los campos de concentración de Buchenwald, Sachsenhausen y Mauthausen. El tío Tarek era el Doctor Muerte.

Fue tras los muros grises de piedra de Mauthausen, en su Austria natal, que el Heim cometió atrocidades contra centenares de judíos y otros prisioneros que le valieron ese temible apodo y la condición de criminal de guerra nazi más buscado del Centro Simon Wiesenthal, donde pensaban que seguía en libertad.

En el prontuario del doctor Heim figuran operaciones a prisioneros sin anestesia. También se lo acusa de extirpar órganos a personas con buena salud para luego dejarlas morir en la mesa de operaciones; de inyectar veneno -y en ocasiones nafta- en el corazón de otras víctimas y de conservar algunos de sus cráneos como souvenir. Luego de vivir bajo el radar de los cazadores de nazis durante más de diez años después de la Segunda Guerra -buena parte de los mismos en el balneario alemán de Baden-Baden, donde tenía esposa, dos hijos y un consultorio de ginecología-, logró escapar cuando sus cazadores lo tenían casi cercado. Fue en 1962.

Su escondite, así como su muerte en 1992, fue uno de los mayores secretos hasta ahora.
En Alemania e Israel, los investigadores dijeron una y otra vez que pensaban que Heim estaba vivo y oculto en América Latina, cerca de Chile donde vivía una presunta hija natural. Testigos de Finlandia hasta Vietnam y desde Arabia Saudita hasta Argentina mandaron datos sobre su posible paradero.

Un maletín polvoriento con cierres rojos, que permanecía guardado y casi olvidado en El Cairo, reveló el itinerario del Doctor Muerte a Oriente Medio. El diario The New York Times y el canal de televisión alemán ZDF obtuvieron el maletín de manos de la familia Doma, los propietarios del hotel donde vivía Heim. La documentación que había en su interior cuenta la historia de su vida y su muerte en Egipto.

El maletín es, en realidad, un archivo de páginas amarillentas -algunas en sobres que aún estaban sellados-. Guardaba cartas; la historia clínica de Heim; su documentación financiera y un artículo subrayado de una revista alemana sobre su propia búsqueda y su juicio en ausencia. Hay hasta dibujos de soldados y trenes que hicieron los hijos que había dejado en Alemania. Algunos documentos llevan el nombre de Heim, otros el de Farid, pero muchos de los últimos, al igual que una solicitud de residencia en Egipto bajo el nombre de Tarek Hussein Farid, tienen la misma fecha de nacimiento -28 de junio de 1914- y el mismo lugar de origen -Radkersburg, Austria- que corresponden al Heim.

Si bien ninguno de los diez amigos de El Cairo que identificaron una fotografía del Heim conocía su verdadera identidad, sí dieron indicios de que podía tratarse de un fugitivo. "Lo que me decía mi padre es que parecían buscarlo, tal vez los judíos, y que se había refugiado en El Cairo", dijo Tarek Abdelmoneim el Rifai, hijo de Abdelmoneim el Rifai, de 88 años, dentista y buen amigo de Heim.

La copia de un certificado de defunción egipcio confirmó las versiones de testigos de que el hombre llamado Tarek Hussein Farid murió en 1992. "Tarek Hussein Farid es el nombre que mi padre adoptó cuando se convirtió al Islam", dijo su hijo Rüdiger Heim. En una entrevista en su casa de Baden-Baden, Heim hijo (53) admitió públicamente por primera vez que estuvo con su padre en Egipto cuando éste murió de un cáncer de recto. "Fue durante las Olimpíadas. En la habitación había un televisor. Eso lo distraía", dijo Heim, que es alto como el padre, tiene un rostro largo y melancólico y habla con suavidad. Aribert Heim murió el día después de la final de las Olimpíadas, el 10 de agosto de 1992, según su hijo y el certificado de defunción.

Heim hijo explicó que un tío le había dicho el paradero de su padre. Explicó que no había revelado nada porque no quería crearles problemas a los amigos de su padre en Egipto. Pero a pesar de las pruebas de que el Doctor Muerte vivió en Egipto, es imposible cerrar el caso: el lugar donde está enterrado sigue siendo un misterio.

Su muerte sería un hito significativo para cacería apasionada y en ocasiones polémica de criminales de guerra nazis que dio lugar al juicio y la ejecución del planificador del Holocausto Adolf Eichmann pero que nunca consiguió encontrar a Josef Mengele, el más famoso de los médicos nazis, que murió en Brasil en 1979.

Si bien la vida secreta de los nazis en países como Argentina y Paraguay capturó la imaginación popular en libros y películas, el caso Heim lleva a Oriente Medio. Hasta que el clima político cambió, los ex nazis fueron bienvenidos en Egipto, donde contribuyeron sobre todo en el plano de la tecnología militar. Rüdiger Heim dijo que su padre le había contado que conocía a otros nazis que estaban en Egipto, pero que trataba de mantenerse lejos de ellos. Lo que no queda claro es cómo logró Heim escapar durante tanto tiempo: recibía dinero de Europa, en especial de su hermana Herta Barth, e intercambiaba cartas con amigos y familiares.

"El mundo árabe era un refugio más seguro que América del Sur", declaró Efraim Zuroff, director del Centro Simon Wiesenthal de Israel, quien buscaba a Heim y había viajado a Chile en julio para impulsar el caso. Zuroff se sorprendió al saber el aparente destino de Heim y contó que estaban a punto de aumentar la recompensa por información para su captura de 400.000 a casi un millón y medio de dólares.

El ex prisionero de Mauthausen Josef Kohl declaró ante la justicia el 18 de enero de 1946 y contó como "El doctor Heim tenía la costumbre de revisarles la boca a los prisioneros para determinar si tenían los dientes en perfecto estado. De ser así, mataba al prisionero con una inyección, le cortaba la cabeza, la dejaba en el crematorio durante horas, hasta que desaparecía toda la carne que cubría el cráneo, que luego preparaba como objeto decorativo para su escritorio y los de sus amigos."

Los investigadores alemanes declararon que Heim se manejó con cuidado durante la posguerra. El médico, un buen jugador de hockey sobre hielo, se mantenía siempre al margen de las fotos cuando su equipo posaba. También poseía un edificio en Berlín, la renta que obtenía de él fue su fuente de ingresos en la clandestinidad.

En la sede de la policía de Baden-Württemberg en Stuttgart, pequeños imanes salpican un mapa del mundo y marcan los lugares donde surgieron pistas o datos sobre el Doctor Muerte. Lo habían buscado sin descanso desde su desaparición en 1962, período en el que habían seguido 240 pistas. Si bien nunca lograron detenerlo, habrían estado muy cerca de su escondite en El Cairo.

"Había información de que estuvo trabajando en Egipto como médico policial entre 1967 y 1970", dijo Joachim Schäck, jefe policial de la división de fugitivos. "Resultó ser una pista falsa."

Según su hijo, el Doctor Muerte abandonó Alemania y atravesó Francia y España en auto antes de cruzar a Marruecos para instalarse en Egipto. "Fue una casualidad que la policía no me detuviera porque justo en momento no estaba en mi casa", escribió Heim en una carta a la revista alemana Spiegel después de que se publicara un informe sobre él en 1979. La carta se descubrió en sus archivos, todos escritos con una meticulosa letra cursiva en alemán o en inglés.

En la carta también acusó a Simon Wiesenthal, quien estuvo prisionero en Mauthausen, de ser "el que inventó esas atrocidades". Heim se refirió luego a lo que llamó la masacre israelí de palestinos y agregó que "el lobby sionista de EE.UU. y el Khazar judío, fueron los primeros que le declararon la guerra a Hitler en 1933."

El grupo étnico turco de los Khazar era un tema recurrente para Heim. El médico nazi se mantenía activo en El Cairo haciendo una investigación -que escribía en inglés y alemán- y en el que negaba la existencia del antisemitismo sobre la base de que, según decía, la mayor parte de los judíos no era de origen étnico semita. Rifai recordó que Heim le había mostrado borradores del trabajo, los cuales estaban en el maletín. También había una lista que daba cuenta de sus planes de mandar borradores del trabajo a personajes importantes de distintos lugares del mundo: lo haría con el seudónimo de Youssef Ibrahim. Entre ellos figuraba quien era el entonces Secretario General de las Naciones Unidas Kurt Waldheim, un asesor de seguridad nacional estadounidense -Zbigniew Brzezinski- y el gobernante yugoslavo Tito.

Heim en El Cairo forjó estrechos vínculos con sus vecinos, entre ellos con la familia Doma, que dirigía el hotel Kasr el Madina, donde el criminal de guerra vivió sus últimos diez años. Mahmoud Doma, cuyo padre era el dueño del establecimiento, recordó que hablaba árabe, inglés y francés además de alemán. Doma contó también que su vecino leía y estudiaba el Corán en alemán, un ejemplar que los Doma habían encargado para él.

Doma, de 38 años, se emociona al hablar del hombre al que llamaba tío Tarek, quien le había regalado libros y lo había alentado a estudiar. "Era como un padre. Me quería y yo lo quería a él."

Recordó, además, que el tío Tarek había comprado raquetas e instalado una red de tenis en la terraza del hotel, donde él y sus hermanos jugaban con el musulmán alemán hasta que caía la noche. Para 1990, sin embargo, la salud de Heim comenzó a deteriorarse y le diagnosticaron cáncer.

Después de su muerte, su hijo Rüdiger insistió en que se respetaran los deseos de su padre y donó el cuerpo a la ciencia, una tarea nada fácil en un país musulmán donde las normas establecen un entierro rápido y se oponen a la disección. Doma, que quería poner al tío Tarek en la cripta familiar, y se negaba a aceptar el plan.

Finalmente, los dos hombres condujeron una furgoneta blanca con el cuerpo de Heim, que había sido lavado y envuelto en una sábana blanca, según la tradición musulmana, y colocado en un ataúd de madera. Doma contó que habían sobornado a un empleado de un hospital para que aceptara el cadáver, pero que las autoridades egipcias se enteraron y entonces terminaron enterrando al Doctor Muerte en una fosa común- Sin nombre. De forma anónima.


Un tenebroso asesino en serie aterrorizó a la población de los barrios bajos de Cleveland, estado de Ohio, Estados Unidos, durante la década del treinta en el pasado siglo. Los periódicos lo calificaron con el seudónimo de "El descuartizador de Cleveland", en atención a la zona donde cometía sus agresiones, y debido al desmembramiento que infligía sobre los organismos de sus víctimas. Más sencillamente se lo conoció como "Torso" a causa de la extraña y cruel manía que manifestaba, a saber: de los cadáveres sólo aparecían los torsos, pues a todos ellos les habían aserrado cuidadosamente sus miembros y, además, aparecían decapitados. 

Los crímenes de Cleveland comenzaron en el año 1934 y el descuartizador jamás fue capturado. Su perfil concuerda con el de un sádico. Los periódicos también tildaron a este implacable psicópata "El loco carnicero de Kinsbury Rum", y entre los meses de septiembre de 1934 y agosto de 1938 asesinó a una docena de hombres y mujeres, en su mayor parte prostitutas y vagabundos. Decapitaba a las víctimas, y en seis casos la cabeza nunca fue encontrada. En dos ocasiones mató a dos personas a la vez, desmembrando los cuerpos. 



Elliot Ness, el célebre Policía vencedor del hampa de Chicago, llegó a ocupar el cargo de Director de Seguridad Pública de Cleveland desde 1935, luego de alcanzar notoriedad gracias a sus brillantes triunfos contra la delincuencia organizada. En declaraciones formuladas a la prensa el jerarca expuso su parecer de que el criminal debía ser un hombre alto y fuerte que poseía un coche y, probablemente, era propietario de una casa donde podía tozar y disponer de los cadáveres sin ser molestado.

Las investigaciones practicadas revelaron la existencia de un sujeto cuyas características se ajustaban a dicha descripción. Desde los años de la denominada "Gran Depresión Norteamericana" la localidad de Kinsbury Rum próxima al río en Cleveland se nutrió de abundante cantidad de vagabundos y desocupados que hallaban allí un precario refugio. Esta población iba en aumento al estar en ruta de paso de los ferrocarriles, en cuyas estaciones descendían en número creciente pasajeros desalojados de las grandes ciudades. 

El 5 de septiembre de 1934 fue encontrado el que se llamó "Torso Playero", o sea, un cadáver de mujer decapitado con muñones cercenados a la altura de las rodillas. Nunca fueron rescatados ni la cabeza ni los brazos. la autopsia sugirió que el cuerpo había sido conservado durante un tiempo en cal. También se motejó a estos restos humanos con el sobrenombre de "La dama del lago". 


Precisamente un año más tarde, en septiembre de 1935, dos adolescentes se toparon con un segundo cadáver al fondo de una pendiente conocida como "La colina del asno". Se trataba del cuerpo desnudo -excepto por unos calcetines negros que enfundaban los muñones de las piernas- de un varón caucásico cuyas piernas estaban estiradas y sus brazos yacían a los costados. Lo habían decapitado, sus extremidades estaban cercenadas y los genitales arrancados.


Al revisar el área los policías detectaron otro cadáver mutilado de igual manera, pero en peor estado, que mostraba marcas en las muñecas, en indicio de haber sido atado antes de fallecer. Otra señal, más terrible todavía, era que los músculos del cuello estaban retractados, lo que significaba que el hombre se hallaba vivo y consciente cuando lo decapitaron. El cercenamiento fue producto de una sucesión de violentos golpes asestados con un cuchillo en extremo filoso.

Dos meses después de arreciar esta ola de crímenes se designó a Elliot Ness para el puesto de Investigador Principal de la Oficina de Seguridad Pública de Cleveland. En aquel cargo emprendió una decidida campaña para limpiar la corrupción en la policía y en los cuerpos de bomberos locales, y atacar al juego clandestino. A partir del hallazgo del cuarto cuerpo despedazado el jerarca se involucró de lleno en la labor. Se ofreció una recompensa de un millón de dólares a quienes aportaran datos aptos para capturar al homicida, suma sideral por ese entonces. 

El ulterior cadáver desmembrado pertenecía al sexo femenino y apareció dentro de una cesta. Uno de los muslos iba envuelto en papel de un periódico editado el día anterior y faltaban partes del cuerpo, incluida la cabeza. La testa de otra víctima fue descubierta por dos niños de color que paseaban por Kingbury Rum, y estaba oculta dentro de la tela de dos pantalones cortados. Al siguiente día se localizó el resto del cuerpo a unos quinientos metros de distancia. Se identificó al occiso como un varón joven, alto, de aproximadamente veinte años y con varios tatuajes. Lo habían decapitado mientras aún vivía. 


El público estaba aterrorizado. La ausencia de miembros tornaba imposible la individualización al no existir huellas dactilares ni registros dentales para cotejar. Otra curiosidad del asunto radicó en las cartas remitidas presuntamente por el asesino, las cuales se consideró que provenían de bromistas de mal gusto. 

El 22 de julio de 1936 una joven de diecisiete años halló otro cadáver desnudo y cercenado que había sido arrojado a un barranco. Cerca de allí se ubicó ropa barata, indicio de que el muerto era un pordiosero que podía estar residiendo provisoriamente en uno de los míseros campamentos afincados en ese lugar. Algunos borrachos y vagabundos describieron a un hombre sospechosos y, en base a estos relatos, se trazó un retrato robot. 

El 10 de septiembre de ese año un menesteroso literalmente se tropezó con un torso humano al cual le faltaban la cabeza y los brazos. Los restos habían sido lavados en una cloaca. Según determinó la autopsia, el desmembrado difunto apenas llevaba cinco horas muerto.

En total, al atroz verdugo se le atribuyeron doce homicidios de mujeres y hombres, y sólo dos víctimas resultaron identificadas. Hubo varios sospechosos, aunque ninguno de ellos fue enjuiciado. La infructuosa búsqueda duró diez años y los últimos cadáveres aparecieron en 1938. Se especuló por el Juez del condado, Samuel Gerber, que el matador era un médico, o disponía de conocimientos clínicos sobre disección, y que drogaba a sus presas antes de ultimarlas. 

Elliot Ness devino muy criticado por usar tácticas propias de "Los Intocables". Ordenó prender fuego a un asentamiento de desocupados emplazado en la zona. Ardieron bodegas y casas de madera en Kinsbury Rum durante una noche en la cual la policía arrestó a los lugareños. Esta acción despertó indignación popular, y se dijo que sus métodos brutales delataban frustración ante el fracaso. Más de sesenta sujetos fueron detenidos en esa ocasión, aunque finalmente todos tuvieron que ser dejados en libertad por ausencia de pruebas.

Se apresó, poco tiempo más tarde, a un cirujano que padecía desórdenes mentales llamado Frank Sweeney, e incluso lo habrían sometido a torturas, pero no mediaban pruebas eficaces de que fuera el asesino. Los crímenes cesaron cuando el acosado médico se internó por su cuenta en un hospital psiquiátrico. Algunos pensaron que el auténtico criminal aprovechó la oportunidad buscando que se culpase a este hombre en su lugar.


El afamado jerarca policial dimitió en 1942 e, insólitamente, se volvió adicto al alcohol pese a haber sido enemigo acérrimo de los traficantes de whisky durante los años de la depresión. Incluso sufrió un accidente de automóvil mientras conducía en estado etílico. Una década más tarde, el ex jefe recibió en su domicilio tarjetas postales enviadas por el presunto culpable, donde éste se burlaba y amenazaba con reiniciar la retahíla sangrienta.

El casi mítico Elliot Ness falleció el 16 de mayo de 1957, siendo el caso del Asesino del Torso el único que no logró resolver en su larga y destacada carrera en la lucha contra el crimen.

NOTA :

           Un detalle interesante sobre la historia de Los Intocables es el peronaje que protagoniza Sean Connery "San Malone.Según la película de Kevin Costner ,Malone colabora con Ness en la formacion del equipo original . ¿Realmente existió este colaborador? ,si pero los norteamericanos no podían permitir que el verdadero colaborador apareciera en su verdadera condición .El colaborador de Ness era un ex convicto acusado de robo y asesinato a mano armada que había purgado condena en san Quintin u su nombre era Joe Fuselli .Y es logico,el trabajo de los intocables para atrapar a capone se baso en las cientos de escuchas telefónicas y.....la mafia por teléfono hablaba italiano .Un tal Malone,no hubiese entendido el napolitano....